LOS IDIOTAS PANAMEÑOS

Tomo el título de este artículo del libro “el manual del perfecto idiota latinoamericano”. Los autores señalan que, en Latinoamérica, abundan los personajes que con buenas intenciones de mejorar la situación de sus compatriotas, acaban haciendo todo lo contrario porque no aprenden de la historia, entre otras cosas.

Panamá no se escapa de esta realidad. Por ejemplo, ahora que suben los precios de la canasta básica, supuestamente motivados por el efecto que los altos precios les causan a los pobres, los personajes del título, salen corriendo a pedir la regulación de precios y el congelamiento de la canasta básica. Esto no es nuevo y la historia, no sólo de Panamá, sino de todos los lugares del mundo en donde el Gobierno se ha metido con los precios, es que el consumidor acaba pagando más por menos.

Es obvio para todo el mundo que nadie va a vender un producto para no ganar dinero. Si el precio se regula por debajo de los niveles de ganancias que el empresario considera necesarios, entonces no vende el producto. Si se regulan al nivel que él quiere, entonces es el hombre más feliz del mundo, porque tiene garantizada su ganancia. Si produce o vende el producto, está seguro que tendrá ganancia.

Por supuesto, esto supone que el empresario tiene algún tipo de protección en contra de la competencia. Porque, si no es así, entonces el sistema de regulación no funciona (sólo habría escasez). Al ser protegido, el empresario se garantiza al bobo del consumidor, el cual tendrá que comprarle de todos modos. Es más, poco a poco descubre que puede ir quitándole calidad al producto a costillas del consumidor. Total, el consumidor no tiene opción.

Los que pensamos que esto es un error, lo pensamos no por proteger o beneficiar a nadie, sino porque el impacto negativo de la idiotez sobre la economía es brutal. En ausencia de precios que resulten del intercambio dentro de un marco de libre competencia, no hay riesgo de ganancia o pérdida, por tanto, no hay base racional para dirigir el uso de los bienes de capital hacia las demandas mas urgentes del consumidor, de la forma que sea menos costosa posible.

En cambio, cuando los precios reflejan las preferencias de los consumidores, el uso de los bienes de capital de manera racional y competitiva es lo que surge porque, este uso, es el necesario para cumplir con la demanda que más solicita el consumidor.

En la regulación de precios se elimina este factor fundamental para el mejor uso de los bienes de capital. El resultado es que el precio regulado es aquel que le garantiza ganancias al capital, indistintamente de lo que este haga en términos de competitividad o calidad para ganarse al consumidor. Por ende, el que más pierde es el consumidor.

Si queremos tener los mejores precios posibles, la única opción es la de liberar realmente el mercado. Esto nunca ha pasado en Panamá porque siempre hemos protegido la casi totalidad de los productos de la canasta básica. No hubo apertura ni siquiera cuando la administración Pérez-Balladares bajó los aranceles agrícolas, porque mantuvo en pié un sistema de licencias de importación que funcionaron como una cuota de hecho. Por tanto no hubo importaciones de productos de la canasta básica, ni hubo bajada de precios, porque sólo fue un ejercicio cosmético.

Ahora bien, se tiene que liberar no sólo la importación, sino también la venta, la cual está protegida de la inversión extranjera a través de la nacionalización del comercio al por menor, otra de las genialidades de los perfectos i…

En definitiva, ¡Hay que LIBERAR al CONSUMIDOR! Que tenga el derecho a escoger y que no sea obligado más a comprarle a un grupo de privilegiados. Sólo así se lograrán los mejores precios posibles.

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