TLC con EE.UU.: herramienta para el desarrollo

La disposición de negociar con Panamá un TLC por parte de EE.UU., es la culminación de una aspiración de Panamá, cuyos precedentes vienen desde el año 1964. En efecto, como parte de las negociaciones para restablecer relaciones diplomáticas, Panamá propuso a los EE.UU. la negociación de un TLC (con las características de los que se negociaban entonces). A esta solicitud, los EE.UU. señalaron que no sería posible porque para ello Panamá debía antes entrar al GATT. Nuevamente, esta petición fue hecha por Panamá en el Gobierno del Presidente Endara, lográndose la firma de un acuerdo de comercio e inversión, en donde se establecían las condiciones que Panamá tenía que cumplir para que los EE.UU. accedieran a dicha negociación. Entre las condiciones surgía, una vez más, el ingreso al GATT. Panamá no viene a cumplir con esta condición hasta el año 1997, cuando entra a la OMC y, por consiguiente, al GATT.

El Gobierno del Presidente Pérez Balladares intenta, entonces, iniciar estas mismas negociaciones, incluso en el marco de la retirada de las tropas americanas de Panamá, sin éxito. Entre otras razones, por la no existencia de lo que se conoce como fast track (autorización del Congreso Americano a su presidente para negociar tratados de comercio, sin modificarlo posteriormente). Autorizado el fast track, y por una serie de movimientos de política internacional que favorecen el acercamiento con los EE.UU., el gobierno Arnulfista logra iniciar las negociaciones, las cuales ha continuado el Gobierno de Martín Torrijos.

Vemos, pues, que se trata de una vieja aspiración de Panamá que ha incluido gobiernos de todas las tendencias y orientaciones. Esto ha sido así porque a ningún observador, medianamente conocedor de la dinámica del comercio exterior, se le escapa la enorme magnitud del impacto que dicho acuerdo tendrá para la economía panameña, permitiéndole por primera vez, la garantía de acceso al mercado más grande del mundo.

Para tener una idea de la magnitud, la economía panameña es de aproximadamente 13 millardos de dólares (billones americanos) y la de EE.UU. es de 10.4 billones (trillones americanos). Es decir, casi un millón de veces más grande que Panamá. Igualmente, los EE.UU. tiene una población de casi 300 millones, mientras Panamá tiene una población 100 veces menor. Panamá es, entonces, un gran ganador en este esfuerzo.

De hecho, la historia económica de la humanidad demuestra que todos los países pequeños que llegan a acuerdos de libre comercio con países grandes, son ganadores netos en la operación. En realidad, ambas partes lo son, pero el impacto positivo en el pequeño es mucho mayor. Como ejemplo podemos ver el caso de lo que fue la Comunidad Económica Europea. Esta Comunidad originalmente estuvo integrada por Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda. Los primeros resultados trajeron como consecuencia que los más pequeños, Luxemburgo y Bélgica se convirtieran en los más ricos en términos per capita del acuerdo. Con el advenimiento de la Unión Europea, esta realidad se ha mantenido. Hoy por hoy, Irlanda (un país con características muy similares a las de Panamá hace quince años) ha desbancado a Bélgica del segundo lugar, y se espera que los nuevos miembros pequeños de esa Unión crezcan a gran ritmo rápidamente.

Pero, lo que es mas claro aún, es que no existe caso documentado de un acuerdo de verdadero libre comercio en el que el país pequeño haya salido perjudicado. La lista de lo contrario es muy amplia (Hong Kong, Singapur, Chile, etc.). La lista de los perdedores no existe.

Lo anterior significa que los panameños nos encontramos frente a una oportunidad histórica y debemos actuar en concordancia. Hay que entender que, aunque el TLC es beneficioso para el conjunto de la Nación, también es obvio que habrá sectores que serán afectados adversamente. Estos sectores no pueden dejarse librados a su suerte ante el cambio de las reglas del juego. Es indispensable que el Gobierno estructure las políticas de aprovechamiento y mitigación del TLC. Estas políticas deben ser claramente promotoras del aprovechamiento del nuevo entorno y no una demora de la inevitable realidad.

También, es necesario que el proceso negociador sea integrador, como en efecto lo ha sido. Han tenido acceso todos los sectores económicos del país. A la vez, todos los sectores han estado demostrando responsabilidad, en especial en la última ronda de negociaciones. Es importante que mantengan esta postura y que tengan como miras no dañar el proceso, sino lograr, hasta donde sea posible, la defensa de sus intereses. Esto quiere decir que todo el mundo tiene que armarse de razones técnicas y económicas para defender sus puntos. No se trata del que grite más duro ni del que sea más nacionalista, sino del que es más capaz. En las negociaciones internacionales es necesario presentar un caso sólido y sustentarlo, sólo excepciones mínimas pueden lograr posiciones de protección o apertura sin sustento.

La situación de la administración pública no puede ser mas propicia para lograr un tratado exitoso. Panamá cuenta con un Ministro de Comercio cuya formación técnica es la de un Doctorado en Leyes, especializado en temas de comercio exterior, de una de las universidades más prestigiosas del mundo. El Ministro de Desarrollo Agropecuario es no sólo técnicamente capaz por su conocimiento directo del sector, sino que es un político que ha demostrado ser de una honestidad intachable y con verdaderos deseos de contribuir al desarrollo de su sector.

Igual podemos decir de la situación política en los EE.UU... Nos encontramos frente a una administración que ha renovado su mandato político, que cree en el libre comercio y que tiene un interés particular en Panamá, tanto por razones históricas como de seguridad. Parece pues, que todos los augurios son buenos y que, con el TLC como una herramienta, el país debe despegar económicamente en un futuro inmediato.

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